Uno nace, que podría decirse. Luego el aire inocente eh impar en sus vertientes, nos trae venenos y bendiciones, ya todos hemos aspirado los vientos de lo dado. Somos hojas en blanco, no somos hojas en blanco. Qué importa: ¡somos!. Recibimos lo que de alguna manera nuestros anteriores (algunos) han producido y reproducido (cuasi-todos). Quién queda ¿queda algo de nosotros? esos que fuimos espacio en que plasmar los díaz su paso. Qué fue de nuestros impulsos -si existían-, algo habremos escrito sólos en nosotros mismos, antes de que las nubes se preocuparán por dejarnos respirar, algún impulso sin contexto que lo desencadenara, algún lenguaje novativo, maldito por nuestras palabras, desvinculado de los seres, extranjero.
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