domingo, 13 de febrero de 2011

Quedan su rostro y sus lágrimas.


Generaciones podridas, que se arrancan los miembros con los propios dientes,
por el hambre que los recuerdos y ansiedades evocan.
Quedan su rostro y sus lágrimas.
Aun  las lágrimas quedan, y es que requieren ojos que las lloren.
Quizá debería ser uno bondadoso y destazarlos, pisotear sus dientes y orinar sus lenguas.
Quizá de la sangre vertida en el suelo crezcan parásitos, se congreguen insectos y roedores.
No por nada se considera que la naturaleza es sabia,
es serena y no se inmuta con los gemidos del único animal que grita y se asusta.
Lo aprecia, pues ríe al igual que lo hace la hiena, más lo desprecia, pues no es sincero como ésta.


Estas lágrimas en ocasiones caen sobre botones que crecen
el veneno penetra sus venas, y los que lloran siguen gimiendo a trabes de éstas
Enpudresen las sonrisas futuras y heredan su grito.
Pese a ello, una lágrima requiere ojos, y el veneno es en tanto que envenena.
Por que no quemar sus ojos, y calcinar su legado, o quemar los nuestros
y no sentenciar a aquellos que precedemos.


Estas lágrimas en ocasiones caen sobre botones que crecen
el veneno penetra sus venas, y los que lloran siguen gimiendo a trabes de éstas
Enpudresen las sonrisas futuras y heredan su grito.
Pese a ello, una lágrima requiere ojos, y el veneno es en tanto que envenena.
Por que no quemar sus ojos, y quebrar su legado, o quemar los nuestros y no sentenciar a los que precedemos

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